4 medicinas de uso cotidiano que son más peligrosas de lo que dicen las famacéuticas.

Los organismos reguladores aprueban fármacos que son levemente eficaces, con graves efectos secundarios, por la sola posibilidad de que resulten útiles para alguien. Pero puedes no ser tú.

Cuando adquirimos un medicamento para tratar el ardor de estómago, el dolor de cabeza o cualquier molestia que nos incordie, pensamos que aquello que nos ofrece el farmacéutico es 100% seguro. Más aún si el medicamento en cuestión nos lo ha recetado nuestro doctor de cabecera. En 2011, una encuesta elaborada entre 3.000 estadounidenses mostró que el 39% de los americanos cree que su Administración de Alimentos y Medicamentos (la todopoderosa FDA) sólo aprueba fármacos “extremadamente eficaces” y el 25% que sólo permite la circulación de aquellos medicamentos sin efectos secundarios graves.

Pero lo cierto es que ningún fármaco carece de riesgo. Como explica el científico y divulgador británico Ben Goldacre en su revelador ensayo ‘Mala farma’ (Paidós), “los organismos reguladores aprueban muchas veces fármacos que son levemente eficaces, con graves efectos secundarios, por la sola posibilidad de que resulten útiles para alguien, en algún sitio, cuando no existen otras alternativas”. Y, lo que no todo el mundo sabe, es que muchas veces los médicos –por desconocimiento, en su mayoría; por intereses económicos, en algunos casos– recetan fármacos innecesarios o que cuentan con otras opciones más seguras o eficaces.

En opinión del médico danés Peter C. Gøtzsche, autor de ‘Medicamentos que matan y crimen organizado’ (Los libros del lince), el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Esto no quiere decir que tengamos que sospechar de todo aquello que nos recete nuestro médico. La mayoría de los fármacos son útiles, pero muchos son peligrosos si se toman en exceso, nos permiten mantener comportamientos de riesgo como si no pasara nada o son consumidos sin la debida supervisión médica. Y algunas de las medicinas que encajan en esta categoría son tremendamente comunes.

La periodista Martha Rosenberg, autora de ‘Born with a Junk Food Deficiency: How Flaks, Quacks, and Hacks Pimp the Public Health’ (Prometheus Books) ha señalado en ‘Alternet’ lo peligrosos que pueden ser cuatro de los medicamentos más recetados en el mundo si se toman a la ligera. Son estos:

1. Omeprazol y esomeprazol

Estos protectores estomacales son los medicamentos más conocidos y utilizados de la familia conocida como “inhibidores de la bomba de protones”, unos fármacos que reducen la producción de ácido en el jugo gástrico.

Se trata de fármacos que se recetan a las personas que sufren la enfermedad por reflujo gastroesofágico, una afección que se caracteriza por una acidez crónica, ya que los contenidos estomacales se devuelven desde el estómago hacia el esófago de forma continuada. Pero muchas personas lo toman a la ligera, para evitar o paliar la acidez que planean sufrir tras una comilona o una noche de juerga.

Lo que casi nadie sabe es que estos medicamentos pueden conllevar numerosos peligros. En 2012, la FDA alertó de que las personas que los consumen de forma continuada están más expuestas a una infección por ‘Clostridium difficile’, una especie bacteriana que es la principal causante de la colitis seudomembranosa –una enfermedad potencialmente letal– y que parece cada vez más resistente a los antibióticos.

2. Lipitor (atorvastatina)

Las estatinas son fármacos que se utilizan para tratar el colesterol en sus distintas formas, y son unos de los medicamentos más recetados en todo el mundo. El Lipitor, la versión comercial de uno de estos compuestos, la atorvastatina, facturó casi 13.000 millones de dólares en 2006, convirtiéndose en el medicamento más vendido de la historia, una cifra que disminuyó en los años siguientes cuando surgieron nuevas estatinas de otras farmacéuticas.

En 2012 expiró la patente del Lipitor, perteneciente a Pfizer, pero en su versión genérica la atorvastatina sigue siendo uno de los fármacos más utilizados para tratar el colesterol.

En opinión de Rosenberg, a los pacientes les ecantan las estatinas porque, aunque los médicos les aconsejen lo contrario, les permite ser más laxos con su dieta y la práctica de ejercicio sin que los niveles de colesterol se vayan de madre. Pero, como advierte la doctora Barbara Roberts, profesora de medicina de la Brown University y autora del libro ‘The Truth about Statins’ (Pocket Books), el colesterol no es un factor de riesgo tan importante en el desarrollo de aterosclerosis: “Las grandes farmacéuticas han exagerado de forma continuada el beneficio de las estatinas y algunos médicos han asustado a sus pacientes diciéndoles que si dejan estos fármacos tendrán un infarto”.

No cabe duda de que la eficacia de las estatinas para reducir el colesterol está ampliamente comprobada y, de hecho, reducen el riesgo cardiovascular incluso en personas con niveles normales de LDL, pero sus efectos secundarios no han sido tan estudiados y son numerosos: problemas gastrointestinales, dolor de cabeza, insomnio y, lo más grave, afecciones musculares como la mialgia. Aún así, se recetan a diestro y siniestro. Y más que se pueden recetar: según las nuevas directrices sobre el colesterol que publicará el ‘American College of Cardiology’, y que adelantaron algunos científicos en ‘The Lancet’, las estatinas podrán recetarse al 31% de los americanos de entre 40 y 75 años que sufren colesterol.

3. Crestor (rosuvastatina)

Y seguimos con los fármacos para reducir los niveles de colesterol. En 2009, el doctor Paul Ridker, director del Center for Cardiovascular Disease Prevention en Brigham, presentó los resultados del ensayo clínico Jupiter, que trataba de verificar los beneficios de la rosuvastatina, una “nueva” estatina de la farmacéutica AstraZeneca comercializada bajo el nombre de Crestor –en realidad, una nueva aplicación para pacientes de bajo riesgo de un tratamiento que se venía utilizando hace años para pacientes de alto riesgo–.

Aunque los autores del ensayo tenían, como se reconocía en el mismo estudio, más de 131 vínculos financieros con las grandes farmacéuticas, los medios fueron muy optimistas con el nuevo fármaco, utilizando expresiones del tipo “medicamento asombroso” o “reduce las muertes por ataque al corazón”. Los investigadores aseguraban que el fármaco reducía el riesgo de padecer un infarto en un 54%. Es cierto: en el grupo de control los episodios de infarto fueron de 0,37 por cada 100 personas, frente al 0,17 del grupo que tomó el fármaco. Lo que nadie apuntó es que las personas que no tomaron el medicamento seguían teniendo un riesgo relativamente bajo de sufrir un infarto, sin tener que sufrir los conocidos efectos secundarios de éste.

En plena euforia por el Crestor, el doctor David J Graham, uno de los más altos directivos de la FDA, aseguró que el medicamento era uno de los cinco fármacos más peligrosos que había aprobado su Administración. Public Citizen, uno de los más importantes grupos de defensa del consumidor de EEUU, pidió su retirada de la circulación tras conocer los resultados de una investigación publicada en la revista ‘Circulation’ que aseguraba que el medicamento provocaba un riesgo mucho mayor de sufrir enfermedades como la rabdomiolisis, la proteinuria, la nefropatía o la insuficiencia renal, que otras estatinas igualmente eficaces.

4. Vytorin

Este fármaco de MSD y Schering-Plough es una combinación de la ezetimiba (un fármaco antihiperlipidémico) y la simvastatina (una estatina). Se receta para tratar la dislipidemia, un conjunto de enfermedades cuyo elemento común es la alteración del metabolismo de los lípidos, pero también (¡sorpresa!) para combatir el colesterol.

Lo que muchos pacientes que toman este fármaco para regular sus niveles de LDL, HDL y triglicéridos no saben es que el Vytorin se empezó a comercializar antes de que un ensayo confirmara su efectividad para tratar este factor de riesgo y, cuando fue publicado, su conclusión no fue halagüeña: el fármaco no tenía ningún efecto sobre la acumulación de placa en las arterias.

El senador estadounidense Chuck Grassley pidió que se investigara a la FDA por aprobar un medicamento destinado a un fin que no lograba cumplir. Los congresistas Bart Stupak y John Dingell denunciaron además que la vicepresidenta ejecutiva de Schering-Plough, Carrie Smith Cox, había vendido acciones de la compañía por valor de 29 millones de dólares tras conocer el estudio que aseguraba que el medicamento no era eficaz antes de que se hiciera público.

El asunto salió a la luz y fue todo un escándalo, pero el problema no es sólo que el Vytorin, al igual que otros muchos medicamentos caros, no sea mejor que otras alternativas mucho más económicas, además tiene peligrosos efectos secundarios. La propias farmacéuticas admitieron la existencia de preocupaciones de seguridad sobre su posible daño hepático y en 2008 un estudio publicado en el ‘The New Englando Journal of Medicine’ informó de un inesperado aumento de la incidencia del cáncer y la mortalidad en los sujetos que tomaban con frecuencia el fármaco. Esta posibilidad fue puesta en duda en un estudio posterior, pero los efectos secundarios del Vytorin son todavía objeto de estudio.

Al igual que el Crestor, el Vytorin está incluido en la financiación de la Seguridad Social española para tratar el colesterol.

Fuente: www.elconfidencial.com

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